X JORNada académica internacional

"MIRANDO EL ABISMO: DUELOS, MELANCOLÍAS Y LOS NUEVOS ROSTROS DE LA DEPRESIÓN"

COMISIÓN DE INVESTIGACIÓN

JUSTIFICACIÓN

En 1915 Freud describe el duelo como “...la reacción frente a la pérdida de una persona amada o de una abstracción que haga sus veces, como la patria, la libertad, un ideal, etc.” Partiendo de dicha conceptualización la pérdida forma en sí misma un lugar de desconcierto y vacío en donde se comparte la experiencia de dolor. Pero mirar al abismo doloroso de la pérdida del objeto, en el cual estaba dirigida la pulsión, puede llevar a varios caminos que articulan a su vez distintas posiciones psíquicas defensivas ante la experiencia. 

 

En el transcurso del siglo XXI la experiencia de pérdida es encontrada y hecha presente con mayor ímpetu gracias al momento histórico por el cual atravesamos. La aflicción deja resquicios dentro de la vida de los deudos y convoca a una tramitación o una elaboración, pero que en algunos sujetos se transforma en un paraje lleno de contratiempos y cubierto de un manto lleno de resoluciones que pueden inhibir la vida, a la vez que se acompaña de defensas o movimientos identificatorios con lo perdido, que impiden reasignar psíquicamente la investidura hacía otro objeto. Podemos pensar que lo que deja huella es el rastro libidinal de lo que se movió y desapareció. Sin embargo, el mismo Freud puntualizó que se muestra necesario identificar algunas características entre un duelo normal, en un duelo patológico y las especificidades que se requieren para distinguirlos de la melancolía para así lograr ver los puntos de encuentro y desencuentro. 

 

De modo que, puntualizar los movimientos que entran dentro de los diversos modos elaborativos a los que puede llevarse psíquicamente para la tramitación de una pérdida se vuelve necesario para la comprensión clínica y la reflexión. 

 

Darian leader señala en su libro “La moda negra” que en “En el duelo, lloramos a los muertos; en la melancolía, morimos con ellos” visibiliza las diferencias que encontramos en el curso que toma la muerte o la pérdida dentro del espectro psíquico o el escenario mental y que nos plantean la escucha de formas singulares con cada estructura psíquica que encontramos en los sujetos hoy. Esas uniones tan particulares forman campos de batalla que se vuelcan en momentos sobre el mismo sujeto como una guerra infinita que lo colma de afectos de insuficiencia, de vacío, de necesidad de dependencia con objetos destructivos o de estados llenos de estupor y angustia que oscilan hacia el encuentro con la la plena pulsión de muerte. 

 

Partimos de un estado histórico actual en donde no sólo la pandemia ha traído consigo la necesidad de visibilizar de nuevo lo que significa para el psicoanálisis el trabajo del duelo sino la posibilidad de profundizar e interrogarnos ¿Qué es el trabajo del duelo?, ¿Qué procesos identificatorios se dejan al descubierto en el duelo?, ¿Cuáles son las nuevas salidas o los nuevos bordes que podemos articular de forma contemporánea al pensar en la depresión o la melancolía?, ¿es necesario repensar o rearticular la participación del narcisismo ante los duelos patológicos o al pensar en estados depresivos?, ¿Qué soluciones sintomáticas se muestran en la actualidad clínicamente? y ¿Qué encontramos hoy con el abatimiento y el duelo en los tiempos que vivimos? 

 

Se presenta como un reto pensar en un recorrido tan extenso, sin embargo el campo clínico hace uso de la escucha para desplegar la diversidad sintomática y de resoluciones que hoy en día se dan para darle frente a las experiencias de vacío y pérdida. 

 

Presentar en esta jornada las caras que podemos ver de los duelos nos acercan a recorrer desde los parajes históricos del campo de la psiquiatría hasta el encuentro con el paradigma psicoanalítico para pensar en el duelo hoy desde lo traumático global derivado al covid, a reflexionar en las formulaciones narcisistas que abarcan un lugar distinto de escucha y trabajo clínico y en aquellos bordes que se encuentran hoy en el campo clínico, como lo son las adicciones, los trastornos alimenticios o las respuestas que rozan el borde del vacío. 

 

Convocamos a colegas y practicantes del psicoanálisis a darse cita para escuchar en su intimidad el encuentro clínico y repensar las nuevas formulaciones de comprensión y de escucha a los pacientes hoy en día. 

 

Si bien una pérdida puede ser experimentada por todos se impregna de forma singular y toma significado en el escenario mental de forma individual, así trazamos como uno de los objetivos de esta jornada pensar las propuestas contemporáneas y clásicas sobre la mirada clínica y teórica a la escucha de pacientes en pérdida.

conversatorios

Conversatorio 1:

“De las neurosis narcisistas a las neo-melancolías”

Los diferentes rostros de la melancolía nos invitan a pensar en la transformación que tal concepto ha tenido a lo largo de la historia del psicoanálisis. Uno de los objetivos del presente conversatorio es pensar la transición del narcisismo (y su lado más patológico) cuya conceptualización se podría cifrar desde el texto de 1914 “Introducción al narcisismo”, pasando por el escrito de 1915 (publicado dos años después) “Duelo y melancolía” donde se complejiza el término al añadir el aspecto más oscuro hasta, finalmente, llegar a los nuevas melancolías de la actualidad. Todo ello a la luz de las depresiones neuróticas y las

depresiones no neuróticas, es decir, se va a hablar de aspectos teóricos y clínicos, de los lindes entre lo neurótico y lo no neurótico, de la transformación histórica de los conceptos y más aún del impacto que ha tenido esto más allá de la teoría en nuestra clínica.

Cuando Freud encontró la fórmula, la manera en que un duelo se contrastaba con una melancolía, aperturó una nueva manera de concebir la pena humana. Ahora, en la actualidad, podemos encontrar aún más formas de nombrar, explicar y sobrepasar el duelo al que nos vemos sometidos los seres humanos de manera constante a lo largo de nuestras existencias. Es fascinante, y a la vez puede ser desgarrador, encontrar en la clínica las manifestaciones diversas del duelo y la melancolía en nuestros pacientes, por lo cual este espacio se hace vital para el entendimiento teórico y clínico de lo que podemos esperar  en la consulta.

Otro aspecto sobre el que se quiere arrojar luz es la situación presente en la que nos encontramos mundialmente, la pandemia, las muertes y las constantes despedidas. Todos ellos situaciones trágicas que reactivan la esencia de los primeros duelos de la vida y que nos llevan a pensar en las nuevas formas de pensar de la melancolía, para algunos neo-melancolías, como esos estados en donde no se logra acercar el sujeto a su propio deseo. Habrá que pensar entonces en conjunto ¿qué implica perder algo o a alguien?, ¿qué distingue un tipo de reacción de otra?, e incluso ¿cómo ver un mañana después de un hoy vacío o carente de sentido?

Conversatorio 2:
“Depresión: psiquiatría, historia y psicoanálisis”

Depresión y melancolía son dos categorías psiquiátricas que encuentran su correlato en reflexiones psicoanalíticas, no coincidiendo plenamente ni en diagnóstico ni en aproximación clínica. 

 

La melancolía, de hecho, es una de las categorías diagnósticas más viejas de la medicina: ya Hipócrates de Cos, en la antigüedad, hablaba de esta categoría diagnóstica. La depresión, por otro lado, ha sido vista como una patología representativa de la modernidad.

Psiquiátricamente ocurre que la depresión en la época actual es tratada, sobre todo, desde la lógica neurológica. Esto apunta en la mayoría de las ocasiones a dejar la vida interna del doliente sin analizar en la medida en que la causa etiológica apunta, según el conocimiento psiquiátrico, a un origen exógeno al sujeto. Sin embargo, mientras más la sociedad apunte hacia una explicación externa e higienicista fija, más aumentan las depresiones, pues más quedan sin analizar las causas subjetivas (Leader, 2008). El psicoanálisis, en contraposición, suele apuntar a la experiencia del doliente, de la interioridad humana. Por otro lado, no trabaja en la misma categoría a la melancolía que a la depresión: la primera le impresiona en el rubro de la psicosis. 

 

La relación entre psiquiatría y psicoanálisis ha sido compleja. En ocasiones, ha habido tiempos de gran coqueteo en donde ser psiquiatra significaba ser analista y viceversa. También han habido diálogos ríspidos y de difícil encuentro. Las categorías diagnósticas y clínicas han tenido cercanía y lejanía en diferentes tiempos. Justamente el propósito de esta mesa es retomar esta discusión- plural e importante- tanto desde una lógica histórica como de tratamiento. 

Conversatorio 3:

“Clínica del vacío o las nuevas soluciones sintomáticas”

"No soy nada; yo soy nulo; no valgo nada", "Estoy vacío… no siento absolutamente nada … tengo el sentimiento de no existir", "Estoy agotado… estoy como en un túnel…estoy angustiado de la vida..." Tales son los enunciados enigmáticos de la estructura de varios pacientes y personas en general, sujetos que se dicen "deprimidos", "angustiados" o simplemente "cansados de vivir" y que nos hacen parte de una experiencia de vacío, de "malestar".

Freud, desde muy temprano en su obra, explica la depresión como el signo de un afecto que en sí mismo no hace síntoma pero que es el signo observable, sensible, de "algo" que afecta a un sujeto. El sentido de este afecto queda, sin embargo, desconocido, pues su causa es innombrable para el sujeto, aunque para Freud dicho afecto (la depresión) da cuenta de la causalidad psíquica.

El afecto depresivo es para Freud una forma por medio de la cual la libido se retira del objeto, lo que explica los diferentes síntomas clínicos: insomnio, pérdida del apetito, inhibición intelectual, sexual y psíquica, que no son más que efectos de una mortificación, pero no, por tanto, los índices de una sola estructura.

Lacan deducirá posteriormente dichos efectos mortíferos, no solamente del campo de los afectos, sino como siendo propios de la posición subjetiva; posición que revela a su vez las "desgracias del ser" ligadas a los efectos del lenguaje sobre el "ser viviente humano", dichos efectos mortíferos no son exclusivos entonces de la neurosis, y ellos pueden ser aún más dolorosos y definitivos en la psicosis.

El cuadro de los afectos depresivos concierne a todas las neurosis yendo hasta la psicosis y nos confronta a una clínica "del vacío" que no puede ser expresada solamente en términos de afectos o de trastornos del humor, pues ésta implica la distinción entre, de una parte, las "pasiones del alma" en la neurosis en las que el inconsciente no parece estar convocado; y, de otra parte, el rechazo del inconsciente en la psicosis.

La experiencia de vacío en la que a nivel fenomenológico predominan los afectos, es la experiencia propia de la estructuración subjetiva, es en el "vacío" del pasaje del goce al deseo que se engendra la angustia. No es entonces excepcional la aparición de la angustia ligada a un momento de vacío, lo que es excepcional es eso que se revela como defecto a nivel del deseo, más allá de los enunciados de la angustia, de vacío, de dolor. Los enunciados con los que se inicia este texto "estoy vacío... no soy nada... etc." pueden ser enigmáticos en relación a la estructura del sujeto porque dicho defecto del deseo se presenta bajo formas fluctuantes y variadas que van de la neurosis a la psicosis.

En la experiencia "de vacío" podemos situar entonces, en el lugar de la causa, un defecto al nivel del deseo. Pero hay que incluir, además, en ese lugar de la causa, los efectos que el discurso actual tiene sobre el sujeto sin confundir o velar con ello lo que corresponde a su estructura. Pues en el camino del éxito y la felicidad a cualquier precio, el sujeto paga con sus síntomas como producto del discurso. Y mañana, ¿todos deprimidos? No es imposible. Ya que cada vez más se encuentran en los servicios médicos, sociales y psiquiátricos; por supuesto en nuestros consultorios, personas que presentan "la depresión" como síntoma mayor, sin que ésta implique exclusivamente los sentimientos de tristeza que agobian al sujeto, sino sobre todo síntomas somáticos tales como insomnio, trastornos de la alimentación, inhibiciones físicas y psíquicas, sentimientos de pérdida, de culpabilidad, remordimientos, etc., y cada vez más la expresión negativa de un sentimiento que toca al "ser": Yo no soy nada, como un enunciado primordial del sujeto que deviene en él una constante.

La descripción de esta "experiencia de vacío" puede ser muy extensa, y ya ha sido elaborada; basta referirse a todos los textos que tratan sobre la depresión o la melancolía. Pero lo que aquí nos interesa cuestionar es la posición del sujeto en esa experiencia de vacío, pues si la constitución subjetiva se juega en ella, ¿en qué momento este vacío constituye una experiencia particular que toca al ser?

La clínica del vacío implica, en sí misma, la noción de "dolor moral"; noción próxima al "dolor de existir" que nos reenvía a eso que manifiestamente es la causa del "vacío": la extinción del deseo. En este sentido invito a reflexionar en ¿Cómo pensamos la clínica del vacío actualmente en nuestro hacer? ¿Cuáles son sus nuevas modalidades? ¿Qué propuestas brindamos en la clínica? Etc.

La clínica del vacío como "dolor moral", en la melancolía, tiene efectos de desprecio, de culpabilidad y aún más, de negación de la existencia. Efectos a los que, en su tiempo, J. Cotard y J. Séglas dieron todo su valor clínico que hoy más que nunca además atravesados por los estragos de una pandemia vale la pena repensar y reflexionar.

Conversatorio 4:

“Duelo y abatimiento hoy”

Derivado de la tradición del psicoanálisis inglés que apelaba al predominio de la fantasía y las relaciones objetales, surgió en la práctica psicoanalítica una visión paradigmática que encerraba las intervenciones y la dirección de la cura en los trastornos afectivos, como la depresión o el duelo, en un preámbulo que ponía el acento en la realidad psíquica del paciente. 

Si bien estas consideraciones giraban en torno a una realidad histórica, social y contextual específicas no debemos obviar el hecho de que los tiempos, como los conflictos, cambian. La realidad de los analizantes que acuden hoy es muy diferente a la que padecían los pacientes de Freud, Klein, Lacan y los otros grandes maestros. Nadie puede suponer que la desigualdad social, las nuevas configuraciones familiares, la presión sobre el imperativo de goce de la época contemporánea y la anulación de la subjetividad por el uso ideológico de las neurociencias, sean elementos que no conciernen a la práctica hoy día. 

Estamos pues conminados a plantearnos: en la depresión ¿todo es un efecto de un conflicto interno?, ¿no conviene echar mano de los conceptos de Real y de realidad para repensar las intervenciones del analista, así como el devenir de la práctica con pacientes deprimidos, 

en duelo o abatidos?

El pensamiento expande sus ramas posibles bajo la consigna de que La Verdad nunca es dicha del todo y de que siempre una coletilla se escapa. ¿Cómo escuchar las depresiones hoy en que no solamente se transcurre por una lógica fantasmática específica?

La propuesta hoy será replantear, atrevernos a aprender de la experiencia, no de la experiencia fantasmal de los textos teóricos que se asemejan al libro sagrado doctrinal, sino a la experiencia en consultorio, la experiencia del Sujeto en depresión, del sujeto actual en duelo, quien enfrenta la imposibilidad de asirse a un entramado social que lo contenga mientras libra su lucha fantasmagórica.

MESA CLÍNICA

Presentación de caso clínico

Los diferentes rostros de la melancolía nos invitan a pensar en la transformación que tal concepto ha tenido a lo largo de la historia del psicoanálisis. Uno de los objetivos del presente conversatorio es pensar la transición del narcisismo (y su lado más patológico) cuya conceptualización se podría cifrar desde el texto de 1914 “Introducción al narcisismo”, pasando por el escrito de 1915 (publicado dos años después) “Duelo y melancolía” donde se complejiza el término al añadir el aspecto más oscuro hasta, finalmente, llegar a los nuevas melancolías de la actualidad. Todo ello a la luz de las depresiones neuróticas y las

depresiones no neuróticas, es decir, se va a hablar de aspectos teóricos y clínicos, de los lindes entre lo neurótico y lo no neurótico, de la transformación histórica de los conceptos y más aún del impacto que ha tenido esto más allá de la teoría en nuestra clínica.

Cuando Freud encontró la fórmula, la manera en que un duelo se contrastaba con una melancolía, aperturó una nueva manera de concebir la pena humana. Ahora, en la actualidad, podemos encontrar aún más formas de nombrar, explicar y sobrepasar el duelo al que nos vemos sometidos los seres humanos de manera constante a lo largo de nuestras existencias. Es fascinante, y a la vez puede ser desgarrador, encontrar en la clínica las manifestaciones diversas del duelo y la melancolía en nuestros pacientes, por lo cual este espacio se hace vital para el entendimiento teórico y clínico de lo que podemos esperar  en la consulta.

Otro aspecto sobre el que se quiere arrojar luz es la situación presente en la que nos encontramos mundialmente, la pandemia, las muertes y las constantes despedidas. Todos ellos situaciones trágicas que reactivan la esencia de los primeros duelos de la vida y que nos llevan a pensar en las nuevas formas de pensar de la melancolía, para algunos neo-melancolías, como esos estados en donde no se logra acercar el sujeto a su propio deseo. Habrá que pensar entonces en conjunto ¿qué implica perder algo o a alguien?, ¿qué distingue un tipo de reacción de otra?, e incluso ¿cómo ver un mañana después de un hoy vacío o carente de sentido?