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JUSTIFICACIÓN

XV  JORNADA  ACADÉMICA INTERNACIONAL

¿Existe el TDAH?

Es largo el debate sobre la medicalización en la infancia para tratar diferentes “trastornos”recientemente, por ejemplo, el movimiento “Por una psicopatología clínica que no estadística” (2011) iniciado en España y encabezado por diversos especialistas e

instituciones que se manifiestan contra el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Desórdenes Mentales de la American Psychiatric Association como criterio único en la clínica de las sintomatologías psíquicas.

En el manifiesto se señalan entre otras cosas, una clínica cada vez menos dialogante que se justifica en un saber científico rígido que deja poco lugar a la decisión del paciente mismo. Sin embargo dicha cientificidad se sostiene de un consenso, recordemos que los manuales psiquiátricos se forman así, por el consenso de especialistas, por lo tanto dichos criterios no pueden ser incontestables. Dichos manuales tienen una función referencial la cual no sustituye de ninguna manera la singularidad de cada caso con sus rasgos y marcas

sintomáticas propias.

En el mencionado manifiesto, también se señala la existencia de una falla epistemológica,

que podríamos decir es de origen, por tratarse de conceptos que por referirse a aspectos

psíquicos -no tangibles- son complejos en su conceptualización, no universales y en consecuencia no absolutos, términos como los son “salud” “enfermedad” y “trastorno”, que inevitablemente forman parte de la subjetividad inherente al lenguaje. Como lo menciona Levi Strauss, “la ciencia misma, que estudia la naturaleza, es un hecho de cultura… y el criterio mismo de la cultura es el lenguaje” (Strauss, 1971). Justamente entonces es el carácter intangible y escurridizo de lo “psíquico” lo que lo hace un objeto de estudio particular, que no es sin soma, pero que sabemos, gracias a Freud (1905), tiene que ver con algo más: la vida pulsional que se encuentra en la frontera entre lopsíquico y lo somático. Es así que para un psicoanalista no bastará situar en el cuerpo el síntoma, ni siquiera en los casos en que la enfermedad tenga su origen asentado en la materia corporal incluso mismo si es y’a tratado médicamente, porque el psicoanalista se ocupará de ese algo más: la vivencia psíquica y en consecuencia única y personal que de ese cuerpo tiene el sujeto.

Sin embargo, el consenso sobre la categorización que sobre las llamadas “enfermedades

mentales” se han establecido, parecen desdibujar la complejidad de la experiencia subjetiva humana. Así la “fiabilidad y validez” que buscamos para poder acercarnos a una

“cientificidad” han ido con los años engrosando manuales a cada nueva revisión de los mismos, la más reciente, por ejemplo, la del DSM VI, buscando en la biología del cerebro certezas sin éxito. El riesgo de una postura así es justamente lo que escuchamos en las consultas: todos-enfermos igual a todos-medicados, atenuando así el malestar que pensamos radica solo en el soma forcluyendo al sujeto que lo padece. Pero además, cómo no somos sin sociedad, tenemos que voltear la mirada y observar que otro problema más converge: el conflicto de intereses que atraviesa todo lo anterior: hay una industria farmacéutica que forma parte del entramado de “la salud mental”.

El TDAH : una categoría diagnóstica. Uno de los diagnósticos más problemáticos y con consecuencias importantes en todos los niveles posibles es el diagnóstico de TDAH, relativamente de reciente incorporación a los manuales, principalmente diagnosticado en niños pero recientemente con un auge en el diagnóstico en adultos, principalmente en mujeres. Recordemos que la FDA aprobó el metilfenidato (Ritalin®) en 1955, y más tarde, cuando el DSM-II de 1968 incorporó el diagnóstico de “trastorno de impulso hipercinético”, aumentó la atención hacia los niños. Esto impulsó el uso de estimulantes para tratar el TDAH, práctica que se intensificó y llegó a su punto más alto hacia finales del siglo XX. Este es un ejemplo de cómo toda disciplina se ve y se verá atravesada por los hechos que acontezcan en su época, y es en gran medida por ello que no hay saber absoluto ni incuestionable mucho menos en el ámbito de lo que denominamos “salud mental”

 

El DSM-5-TR (2022). American Psychiatric Association. (2022). Diagnostic and statistical manual of mental disorders (5th ed., text rev.). American Psychiatric Publishing.diagnóstico de TDAH comenzó así a acaparar la atención de diversos sectores, se popularizó y creó afortunadamente una urgencia de estudio. La cantidad de demandas de atención psicoterapéutica y psiquiátrica es llamativa, lo hablamos, lo conversamos entre colegas, lo registramos tanto psicoanalistas, psicólogos, psiquiatras como padres de familia e instituciones escolares. El diagnóstico se da en cualquier lugar y por cualquier persona. Al

parecer todos sabemos y podemos diagnosticar el TDAH. ¿Por qué?

 

Marino Pérez Álvarez (2018), especialista en psicología clínica, se ha ocupado del tema y

ha publicado un número significativo de libros dedicados al TDAH, el más reciente titulado “Más Aristoteles menos concerta” (2018) lo que lo ha puesto al interior de la polémica al afirmar que el diagnóstico de TDAH no se sostiene como se ha pretendido hasta hoy día.

El autor señala varios problemas respecto al diagnóstico de TDAH importantes para pensarse :

Sobre el consenso de los grupos sintomáticos para TDAH en los manuales diagnósticos DSM Y CIE2 En Francia por ejemplo, donde se utiliza el CIE, el porcentaje de casos diagnosticados como TDAH es significativamente menor al de los países en donde se utiliza el DSM. Además de que en la pruebas que supuestamente miden el TDAH no hay validez ecológica muchas de ellas miden habilidades de atención no propiamente el TDHA.

Respecto de la genética y la neurobiología hoy día sin resultados contundentes que nos corroboren una causa identificable y precisa, razón por la cual no pueden ser pensadas como enfermedades señalando así que de ser el caso no estarían contempladas en los manuales de psiquiatría y serían por el contrarío tratadas médicamente como sucedió con la enfermedad de RETT. El síndrome de Rett (RTT) no está incluido en el DSM-5, ya que se reconoce que su origen es genético, lo que lo diferencia de los Trastornos del Espectro Autista (TEA). En el DSM-IV, el RTT formaba parte de la categoría “Trastorno Generalizado del Desarrollo no Especificado”.

 

Sin embargo, en la versión actual del manual, aunque se agrupan otros trastornos neurológicos dentro del espectro autista, el síndrome de Rett fue retirado como diagnóstico independiente debido a su naturaleza neurogenética ya sus rasgos clínicos particulares, a pesar de que afecta significativamente el CIE-11 / ICD-11 (2019). World Health Organization. (2019). International classification of diseases for mortality and morbidity statistics (11th rev.). World Health Organizationdesarrollo del lenguaje y las habilidades motoras. Solo por mencionar algunos problemas que pueden servirnos de ejemplo para nuestro propósito.

Es así que nos parece pertinente preguntarnos : ¿Existe el TDAH? ¿Qué dice el psicoanálisis y qué posición toma respecto a dicha categoría? ¿Qué nombran esas siglas en nuestros espacios clínicos? ¿Qué solicita un padre o una institución escolar cuando nos piden atender psicoterapeuticamente y médicamente a los niños con TDAH? ¿Qué tiene que decir la psiquiatría al respecto? Y ¿qué posición ética hemos tomado frente a las demandas y/o exigencias de los diferentes actores en la escena del llamado TDAH? Es así que convocamos a la discusión inaugurando entonces el tema que guiará nuestro trabajo como psicoanalistas, no sin diálogo con todos los actores involucrados: ¿Existe el TDAH?

COMISIÓN DE INVESTIGACIÓN

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