LILIANA HERNÁNDEZ

Es médico cirujano egresada de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí, cuenta con la Especialidad en psiquiatría por parte de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí.

Es Psicoanalista egresada del Instituto "Dr. Ramón Parres" de la Asociación Psicoanalítica Mexicana y Miembro de la Asociación Psicoanalítica Internacional y de la Federación Psicoanalítica de América Latina. Forma parte de la Comisión Científica de la Asociación Psicoanalítica Mexicana (2020-2022).



IX JORNADA ACADÉMICA INTERNACIONAL "ENCRUCIJADAS DEL EDIPO: SEXUALIDADES"

Presenta la Conferencia Magistral:

"Más allá de Edipo: pleomorfismos subjetivantes"

Una pregunta que constantemente emerge en el psicoanálisis es ¿Qué hay de nuevo sobre el complejo de Edipo? ¿Qué de ello ha perdido vigencia? Edipo le ofreció a Freud, un mito sobre el origen del ser humano, un pacto que da origen a la ética, la religión, la organización social y el acceso a la cultura.

¿Será demasiado tarde para replantearnos que nos encontramos ante una nueva noción de cuerpo, con diversas narrativas, y una necesidad de crear nuevos mitos acerca del cuerpo? Es evidente que nos obstinamos en “hacer sobrevivir a Edipo; al parecer, con el temor de que el parricidio teórico de Edipo por parte de los psicoanalistas, fuese la muerte del propio psicoanálisis” (Santamaría, 2004).


Fue Kohut (1981) quien cuestionó que del mito de Edipo sólo se haya tomado lo manifiesto – el incesto y parricidio - habiéndose excluido lo latente del mito. Edipo, como Moisés, fue PRIMERAMENTE un niño rechazado y sobreviviente del infanticidio; por otro lado, tuvo por padres a Layo (pederasta) y Yocasta (aparentemente histérica). Incluso sus padres adoptivos, Pólibo y Mérope, venían cargando el lastre de la infertilidad. Es decir, lo anterior hace que nos cuestionemos seriamente por la subjetividad de aquel muchacho llamado Edipo.


Definitivamente los fenómenos sociales contemporáneos ponen el acento en la subjetividad como una tercera tópica (Maruottolo, 2016), surge la presentación de subjetividades sexuadas no convecionales cada vez más visibles. Lo anterior derivó en nuevas miradas a dichas sexualidades: Joyce McDougall al hablar de neosexualidades; o Jessica Benjamin, quien propone ir del binarismo al polimorfismo para superar la dicotomía binaria. Benjamin, propone un tercer espacio o modelo: el postedípico, donde las identificaciones con un género no llevan al repudio del otro.


Estos cambios implican pensar en una nueva coordenada para las configuraciones familiares actuales, un desplazamiento del sujeto-centro hacia las fronteras, hacia la periferia. Para Bleichmar (2014) la diferencia anatómica va a pasar a ser contingente, lo que va a pasar a ser necesario son las relaciones de alianza y las relaciones de filiación. Para Glocer Fiorini (2020) se trata de pensar un espacio distinto: con leyes, normas y regulaciones nuevas, con otros simbolismos, otras subjetividades diferentes a las del centro. De la misma manera, filósofas como Braidotti (2009) proponen un movimiento nómada subjetivante hacia lo que todavía no está nombrado.


Pensar en los pleomorfismos subjetivantes está relacionado con “habitar una identidad, encontrar un sitio que resulte confortable para la representación de sí mismo, es una tarea ardua pero necesaria a los fines de “ser y sentirse real”, según la conocida expresión de Winnicott para describir la convicción de un self que se vivencia como verdadero” (Blestcher, 2017).

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